domingo, 29 de noviembre de 2009

Exterminator

Odio a las cucarachas. Me revuelven el estómago, me ponen los nervios de punta. Y hasta hace un tiempo solían paralizarme. Me dan tanto tanto asco que ni pisarlas puedo. En mi vida maté tres cucarachas. Dos de las cuales, murieron por mi causa en menos de dos semanas.
Rio de Janeiro tiene cucarachas ("baratas") voladoras, del tamaño de mi pulgar, sin contar la antenas por supuesto, que hacen que su largo se duplique.
Mientras redacto estas líneas, tengo a unos metros el cadáver de mi tercera víctima.
Estaba sentada y noto una sombra por detrás como de algo volando. Pensé que era una mariposa, una polilla. Así que me di vuelta tranquilamente. Y ahí la , apoyada en el brazo del sillón, a la maldita barata. Por un segundo me paralicé ¿cómo la voy a matar? ¡¿la tengo que matar?! En general, no me gusta matar insectos. A las arañas suelo perdonarles la vida, a los mosquitos y las moscas también. Ni hablar de las hormigas que me caen super bien. Pero ahora, matar o no a una barata no es una cuestión de piedad o de respeto hacia la vida, sino una simple cuestión de asco.
Cristiana, por mensaje de texto me dice que hay insecticida. Perfecto, pienso. El tema es que la cucaracha se había ido debajo del sillón y ya no hay mucho lugar para maniobrar. Corrí varias veces hasta donde se podía el sofá, no aparecía. Fui a buscar el insecticida y volví y tiré por debajo del sillón. Me acordé que mi celular tiene linterna, así que me agaché para ver si la veía. Nada. Pensé que tal vez habría aprovechado el momento en que me alejé del living para escapar por la ventana. Y que ya no estaba más. Y que a la noche podría dormir algo tranquila. Me senté frente a la computadora, y a los cinco minutos noto de nuevo algo en el sillón que está frente a mí. Absolutamente impune, moviendo sus repugnantes antenas, ahí apareció. Fui de nuevo corriendo a buscar el insecticida, y sin piedad arremetí contra ella, pensando en que dormiría tranquila esa noche, primero porque ya no existiría la posibilidad de que el insecto anduviera merodeando el living y segundo porque ese insecticida debe tener algún efecto nocivo para los humanos.
Y así fue como la maldita murió bajo mi dedo sicario que apretó el difusor hasta que las antenitas dejaron de moverse.

Resumen de la Fecha

Cumplir años en Río estuvo bueno, pero por momentos fue raro. Mis últimos cumples los había festejado con Melu, a lo grande, y con todo girando alrededor de nuestros flamantes añitos (incluyendo globos, piñatas, serpentinas, y tortas de chocolate con velitas). Este cumpleaños incluyó muchas actividades, pero fue un cumpleaños más diluido y sin torta (pensé en hacer una, pero el calor me desanimó).
El festejo empezó el viernes, en la casa de Cristiana. Éramos varios acá, y ella y Blaise (un chico suizo que vive prácticamente en su casa) cocinaron. Estuvimos hasta acá hasta tarde, y de aquí nos fuimos para Lapa.
Lapa es una zona de Río, en el centro, donde los viernes, el descontrol reina sus calles. Hay más gente bailando y tomando en las veredas que en los propios bares y boliches. Y por supuesto, reina el funky (del cual ya hablé, y el cual no me enloquece mucho que digamos), pero bueno, estuvimos haciendo ronda de bares, tomando un chopp en cada uno y cambiando de lugar, sambando (?), y luego ya volvimos hacia el quid de la cuestión a mezclarnos entre la multitud.
Bailé mucho mucho, las piernas ya no me daban más y así fue como, en estado piltrafesco absoluto, regresé al hogar.
Sábado, nos despertamos al mediodía, y arrancamos para el fuerte de copacabana, donde hay un bar bastante chic llamado Colombo y ahí comencé a reaccionar a la vida. Además, tenía una vista maravillosa. Lamentablemente el cielo estaba algo nublado, aunque eso no impidió que luego fuera a la playa y durmiera una merecida siesta.
Volvía al departamento lista para cocinar algo y cenar tranquila, cuando Cristiana me llama y me dice que estaba yendo para una fiesta de bienvenida de una amiga, que me esperaba, que me apurara, que nos íbamos. Dudé en ir, y en hacer las cosas tranquilas, pero al final llegué, me bañé y me cambié a las corridas y fuimos para la reunión, en Tijuca, muy cerca de la Lagoa. Menos mal que fui, porque las chicas eran super copadas, y la pasé super lindo. Comí brigadeiros, tomé sangría y tomé caipirinhas con tequila (!).
Cerca de la medianoche, arrancamos para la fiesta, en un salón como de una agrupación sindical en el centro, en el medio de la nada (ahí, se había hecho hace una semana la feijoada).
La música fue de lo mejor, con algo de pop, de electrónica (sólo clásicos) y rock, por lo que, de nuevo, bailé sin parar toda la noche.
Ahora, me duelen las rodillas, pero claro, ya tengo 28. (buá).
Realmente me hubiese gustado que estuvieran mis amigos acá y hacer todas las boludeces pertinentes, pero más allá de eso, la pasé super bien y acá, pueden ver las fotos de toda la jornada cumpleañística http://picasaweb.google.com/paulinadeviaje/28El28?authkey=Gv1sRgCMTT3eaYtaic6wE

lunes, 23 de noviembre de 2009

Hoy, a pesar de que la temperatura no baja de los treintaypico de grados, hay fondue en la casa de Cristiana. Vamos a morir todos.

O mundo é um lenço II

Llega un nuevo host a la casa de Cristiana, de Salvador. Me pregunta de dónde soy. Le digo que de BA (sí, sí, "vengo de" y "soy de" no es exactamente lo mismo, pero a quién le importa?) y me dice que recibió hace poco a una chica brasilera que vive en BA, que trabaja como traductora. ¿Patricia? Sí, Patricia.

domingo, 22 de noviembre de 2009

28 el 28

Todavía no sé qué voy a hacer el sábado que viene. Me entusiasma la idea de hacer algo, pero aún no tengo los recursos necesarios. Y cuando hablo de recursos no me refiero a dinero, no. Me refiero a saber dónde podría hacerlo, por ejemplo. O los contactos para conseguir a alguien que sabría dónde puedo hacerlo. Conseguir entrar gratis a un boliche acá, es cosa imposible parece. Me pasaron de un lugar con una lista, pero cada uno tiene que pagar 10 reales. Así que estoy analizando seriamente la posibilidad de elegir sólo un bar, y quedar ahí. El tema es que, lalala, conseguir un bar con música que no sea exclusivamente brasilera también es tarea bastante difícil, así que estoy viendo qué surge.
Mientras tanto, si bien estoy contenta de celebrar mi cumple viajando, el hecho en sí de cumplir 28, ¡¡¡28!!! no me entusiaaaaasma tanto. Pero como es madrugada de lunes y yo acabo de volver de la playa, digamos que no me importa mucho.

sábado, 21 de noviembre de 2009

O mundo é um lenço

Cuando estuve en Salvador, el año pasado, fui a un meeting con las chicas al que fueron sólo dos personas: un local, Ericson, y su guest de Francia, Thomas.
A Thomas lo encontré luego, un par de meses después, de casualidad, en un boliche de Buenos Aires, en Crobar.
Hoy, cambié de host. De la casa de Nina, cerca de Urca, me mudé para lo de Cristiana, en Copacabana. Adivinen quién es otro de sus guests...

viernes, 20 de noviembre de 2009

Tengo un cuarto. Tengo un celular con varios contactos. Tengo invitaciones. Tengo las marcas de la bikini cada vez más pronunciadas. Tengo un portuñol cada vez más caradura. Tengo un libro de Jorge Amado. Tengo playa. Tengo sol. Tengo Skol. Tengo maracujá. Sólo me falta un empleo y estoy en mi momento ideal.